Un año más la fiesta de los gabarreros de El Espinar servía de homenaje al esfuerzo de aquellas personas que subían al monte, en cualquier época del año, para recoger leña que luego vendían, siendo su sustento. Un duro trabajo reconocido por el ayuntamiento en casi 10 días de fiesta, que ponían el broche final con sus habituales nombramientos y la caída del pino en la plaza de la constitución.